El proceso de adaptación a la “escola bressol”

Los niños van abandonando mundos para abrirse a otros nuevos. Abandonan el pecho (los que han tomado pecho) para sumergirse en el mundo de los biberones y las papillas, dejan atrás el estar en brazos para lanzarse a descubrir el mundo, y abandonan el universo de mamá o papá o canguro, para abrirse a un entorno social más amplio, donde ellos no son el centro de atención porqué hay otros niños con los cuales compartir la maestra, los juguetes y donde habrá nuevas propuestas y  actividades.
 
Cada uno de estos cambios implica un duelo, tanto para los niños como para sus padres. Un duelo y un tiempo de adaptación. Si ese mundo que han habitado ha sido gratificante y contenedor, es normal que sea doloroso abandonarlo.
 
Momento cargado de incertidumbres, ilusión, tristeza, que cada niño manifestará de manera diferente. Algunos lloran mucho, otros no manifiestan nada, otros duermen mal, otros se encuentran irritables. Pero todos atraviesan el dolor a su manera.
 
Para los padres también es un momento difícil. Momento de aprender a confiar en que la educadora podrá cuidar de sus hijos tan bien como ellos. A confiar en que ese espacio podrá aportarles muchas cosas que complementarán aquellas que se aportan en casa.
 
Muchas veces surgen sentimientos de culpa, sensación de abandonarlos. Otras veces se actualizan separaciones anteriores vividas por los padres. Otras nos encontramos con padres que se angustian mucho en estos momentos y se sienten raros, o que sólo les sucede a ellos. Lo importante en estos casos, es asumir eso que nos sucede, e intentar verbalizarlo, compartirlo con otros padres, con la educadora, con la directora. Tenemos la suerte, de contar en Dolors Canals, con un equipo muy receptivo a este tipo de situaciones y sentimientos, y muy respetuosos, del singular proceso de cada niño y cada familia.
 
Algunos consejos para facilitar el proceso:
 
Que el momento de despedida sea doloroso, no implica que no haya que atravesarlo. Retirarse sin saludar al niño o a escondidas de él produce más inseguridad y temor. De igual manera decirle “mamá/papá ya viene, voy aquí no más y ya vuelvo” produce que el niño deje de confiar en nosotros. Siempre hay que explicarles la verdad.
 
No creer que porque el niño no demuestre sus sentimientos “no se entera”. Por buena o mala suerte, los niños se enteran de todo. Diferente es, que puedan o no verbalizarlo. Con lo cual, aunque no demuestren dolor, es importante hablarles de la adaptación y que un adulto pueda permanecer los primeros días junto a él o ella para ayudarlo/a a descubrir ese mundo nuevo al que se enfrenta. En caso de no ser posible que un adulto lo acompañe, poder hablar de la escuela en casa, nombrar los compañeros, la maestra, hablar de la adaptación.
 
Que no le pidamos que sonría o esté feliz, porqué la separación es un momento triste, por tanto es saludable que llore, que pueda manifestar lo que le sucede. Tampoco los padres tienen ni que fingir alegría, como así tampoco recargarlos con su propia angustia.
 
No alargar ni estirar demasiado el momento de despedida.
 
Y por último, que todo parece eterno mientras dura, pero todo pasa, y más adelante nos encontramos con la satisfacción, que después de haber llorado, sufrido y atravesado este momento difícil, nuestros hijos vienen felices a la escuela, y aprenden, y crecen, y descubren y esa es la mejor recompensa de todo este recorrido.
 
Ana Boschan- mama de Gael – Llana
Psicóloga

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